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domingo, 4 de septiembre de 2011

El rayo verde




Cuando el cielo está excepcionalmente claro y sin nubes, en algunos momentos singulares, el rayo verde aparece tras el sol poniente segundos después de que la inmensa bola de fuego se funda en el mar.

Una de las novelas de Julio Verne se titula “El rayo verde”. En ella nos cuenta una hermosa leyenda de los hombres de las Tierras Altas sobre el poder misterioso e inexplicable de este rayo: El rayo confiere una virtud a los afortunados que logran verlo, y es la de hacer desaparecer los espejismos y mentiras que nublan los sentimientos, de manera que a partir de entonces ya no pueden equivocarse pues pueden ver claramente en su corazón y en el de los demás.

Cada vez que veo un atardecer en el mar busco el rayo verde. Nunca lo he visto. La última vez, hace unas semanas, jirones de nubes bajas refulgían como llamas. El sol fue desapareciendo poco a poco, como una yema que se hunde en el agua. Luego, las nubes también fueron apagándose y no hubo más.

Nunca lo he visto, pero no desespero. Dicen que es de un color verde maravilloso, inolvidable. Y que el fenómeno es extremadamente raro.

En cuanto a la leyenda, ¿me atrevería yo a ver en mí misma y en los demás con tanta clarividencia? ¿Y qué me encontraría?

En fín, que más de año después de mi última entrada, trescientos setenta y tantos días de vida en los que de todo ha habido, retomo este blog casi donde lo dejé: con un sol en el horizonte.

sábado, 23 de enero de 2010

FRUTAS

Caqui, peras y mandarinas. TUPP. 2010


No sé si será por los excesos de las últimas fiestas, pero el caso es que sólo me apetece comer fruta. Me gustó la mezcla de colores de éstas que tenía en la cocina y decidí hacerles una foto.

Está un poco desencuadrada, porque tengo cierta tendencia a desviar las cosas hacia la izquierda. No es metáfora, o no sólo metáfora: he comprobado en bastante fotos que el cuadro está algo desplazado. Creo que se debe a que en el momento del disparo muevo un poquillo la cámara.

Hay cierta dominante roja, motivada por el sol de mediodía. He preferido dejarla así. A mí el aire dorado me carga las pilas.

Las frutas pasaron a mejor vida. ¡Ay! ¡Sic transit gloria mundi!

jueves, 7 de enero de 2010

Fotos


Acaba de cumplirse un año de un acontecimiento crucial para las generaciones venideras: mi regreso a la fotografía (je je). Así que he decidido abrir una serie de post para exponer mis creaciones.

Fue una vuelta acorde con mi estilo humilde, sencillo, escueto (más jejés), sin ínfulas. Así que re-comencé con una cámara compacta, relativamente ligera, aunque con algunas prestaciones a la hora de realizar ciertas tomas.

Buscaba poder llevarla en el bolso a todas partes. Si dejé de hacer fotografias fue, sobre todo, por lo pesado que resultaba llevar el equipo a todas partes.

En ese sentido, al menos, acerté. Durante este año he hecho casi ocho mil fotos, lo que hubiera sido imposible con una cámara mayor. Pero, en muchas ocasiones, ésta se me queda algo cortita. El resultado es que eso también supone un freno para esta afición mía, que no acaba de despegar. ¿Qué solución tiene esto, salvo la de contratar a un/una ayudante para que me lleve el equipo a todas partes? Ninguna, es obvio. En esas me debato.

La fotografía que he elegido para ilustrar esta pasión la hice hace ya cerca de un año, cuando estaba aún probando el nuevo juguetito. No está bien enfocada, la luz no está medida, pero me gusta.

Ese encantador caballero del bastón me abordó mientras yo fotografiaba un edificio y estuvo pegando un ratito la hebra, ponderando tanto los monumentos de alrededor como su perrito. "Puede usted hacerle una fotografía al perro, si lo desea", me dijo con muchísima amabilidad. Y yo les fotografié a los dos. Le gustó, cuando la vio por la pantalla. Me hubiera gustado conocer su dirección, para enviarle una copia.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Navidad


Costa de Liencres. "Urros" al fondo. Derecha, playa de Portia.


De oca a oca y tiro porque me toca. Navidad: Subir a Cantabria, bajar a Cáceres, o viceversa, para estar con la familia. Una oportunidad para reunirnos todos que no se presenta en otras épocas del año.

Cuelgo tres fotos, tomadas en días sucesivos, de esta transhumancia. Las tres pueden ampliarse, pinchando en ellas.


:) A todos, feliz año nuevo.



Helada salmantina. No demasiado intensa.


Cáceres. Al fondo, se ve "La Montaña". Si ampliáis, veréis el camino que sube a la ermita, situada en lo más alto.

domingo, 27 de septiembre de 2009

ECHARSE AL MONTE




Eso es lo que hice ayer, irme p’al monte. A pesar del calor que se esperaba, a pesar de que tenía -tengo- la garganta hecha unos zorros, me fui p’al monte. No hay mejor remedio para el mal rollete que había acumulado durante la semana.

Unos ocho o diez kilómetros por la ruta amarilla de Monfragüe, algunas fotos rápidas, dos o tres lugares de umbría (la fuente del Alisal o la de los Tres Caños, por ejemplo), casi todo llano con alguna pendiente suavecita, el Tiétar… La única dificultad, el sol de plano en la mayor parte del camino…

El esfuerzo tuvo su recompensa porque me encontré un cervatillo entre los matorrales de una ladera. Se escondió enseguida, asustado del ruido de mis pasos. Después vimos a una hembra con su cría, que se alejaron en cuanto nos oyeron llegar.

Y luego estuvo mi portesgeist particular. Mientras caminábamos por un espacio descubierto y hacía un sol radiante, durante un buen trecho me cayeron gotas fresquitas desde el cielo. Gotas gruesas, como de lluvia de verano. Pocas y espaciadas, eso sí. No tendría misterio, de no ser porque al Cautivo, que caminaba delante o detrás, no le caía nada. Ni me creía cuando se lo decía, hasta que vio por sí mismo las pequeñas marcas de humedad en mi camiseta, y cómo se me estampaba una gota enorme en el antebrazo y otra en la mano. Je je je. Igual fue por la electronegatividad que había estado acumulando durante toda la semana, que descargó de pronto, atrayendo hacia mí esas gotitas, como un regalo.

Foto propia: Fuente del Alisar. Monfragüe. Coolpix. P6000. F/4.7, 1/29 seg. ISO 64.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

TOLEDO



¡Qué fresquita estaba el agua de esta piscina, con el calor que hacía el domingo pasado en tierras toledanas! Y qué aires tan claros al día siguiente, cuando desayunábamos en la terraza renacentista, con Gredos al fondo y los inmensos campos amarillos rodeándolo todo.

Y Toledo, tan distinta a como la recordaba, pero tan bella. El increíble juego de líneas: curvas en el Tajo y en los portones, oblicuas en las murallas y en las calles que se suceden desde la base hasta la cumbre de la colina, horizontales en las amplias fachadas, quebradas en las torres, verticales en los callejones estrechos, tan estrechos que a veces los balcones parecen fundirse con los de la casa de enfrente y se diría que entre ambos no cabe un alfiler. La viva sucesión de planos de una ciudad laberíntica de topografía imposible.




Hay una cosa en la que al menos coinciden recuerdo y realidad : La Puerta de la Bisagra. Ni siquiera el Zocodover es igual en mi memoria, porque yo lo recordaba cuadrangular y resulta que es un rombo algo desquiciado, con dos lados tan chiquitos que, más que dos, parecen ser uno solo, y el rombo tira a triángulo descaradamente.. La plaza es como una cometa tendida al sol en lo más alto de la ciudad.


Dice mi cautivo que la memoria es así , falsa como la falsa monéa. Pero yo creo que es que siempre se hacen dos viajes, el de dentro y el de fuera, y que aquel otro viaje, el que hicimos una amiga y yo cuando estábamos en segundo de carrera un frío y lluvioso invierno, pocas pelas y poco más que varios libros como equipaje, fue un viaje hacia dentro, aunque yo siempre haya creído que fue hacia fuera. Ya le preguntaré a ella la próxima vez que la vea.

Fotografías: Piscina del Parador de Oropesa.
Puerta de la Bisagra.

Autora: Yo misma, con la Coolpix "to terreno".

domingo, 9 de agosto de 2009

Puerto




Confieso que me gustan estos días medio grises. Bahía de Santander. Goleta y grúa de piedra.


Foto: Propia. Nikon Coolpix p6000. 12.3 mm. F/6.5. v 1/434s. ISO 64

miércoles, 22 de julio de 2009

París



París. El pequeño hotel frente al Louvre fue todo un acierto: habitación amplia y luminosa con balcones hacia el Palais Royal, a un paso de todo. Un espacio agradable al que era posible acercarse casi en cualquier momento para reponer fuerzas antes de salir nuevamente a la calle. Un lugar que facilitaba el descanso, el juego y el encuentro a la luz de la tarde.

Torre Eiffel, Notre Dame (mogollón de escalones y la aviación surcando el cielo por el Desfile del 14 de julio), Arco del Triunfo, Sacre Coeur (funicular), Palais d’Orsay, Saint Chapelle, Cluny, el péndulo de Foucault, Sena, quais, jardines, boulevards. La ciudad trazada por el Barón Haussmann.

Y Louvre, Louvre, Louvre, al que fuimos varias veces y cuyos patios cruzábamos a menudo para ir a otros sitios. El Louvre no es el Prado ni el Museo Británico, pero es El Louvre y están la Gioconda y la Venus de Milo. Lástima que tuvieran cerradas las salas dedicadas al Egipto-Copto. ¿Será que hay que volver de nuevo a El Cairo? Tampoco encontré a Artemisia Gentileschi, aunque sí a su padre, Orozio.

Me quedo con tres recuerdos: La terraza de la calle Mouffetard, en el Barrio Latino. Los tapices de la Dama y el Unicornio en Cluny. La hora mágica de las tardes de hotel, fénix muriendo y renaciendo en el tiempo suspendido, petit morte antigua y misteriosa, siempre nueva.

Fotografía: Propia. (París, 15 julio 2009. 21:43 horas. Coolpix P6000. F/3.5. v 1/66.2s).

jueves, 28 de mayo de 2009

Mayo: Cáceres




Y luego Cáceres y una escapada de apenas media hora por el Barrio Antiguo. Me sorprendió esta casa, extramuros de la ciudad, cercana al Arco del Cristo. No recuerdo haberla visto antes. Me gustó la fachada blanca, la línea del tejado, las chimeneas, el contraste con la tapia vecina y las almenas que asoman tras el lienzo de mampostería.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Mayo: Gredos



La "Chorrera del Lanchón". El agua de nieve se despeña potente desde la mole granítica situada en lo alto. Más arriba aún, está la cumbre blanca. Y veinte personas de diversas edades hicieron bueno aquel dicho: "lo mejor, la compañía" (y algunas tortillas, añado).

En el camino, vegetación de todo tipo, sobre todo, robles. El agua discurre paralela a la senda, frecuentemente inundándola. A ratos, para no mojarnos, hay que botar de piedra en piedra en las zonas más rocosas y hasta dar buenos saltos en las más blandas, cuando el arroyo se hunde en la tierra de los prados y se hace más ancho y profundo. Me encanta poder hacerlo: no olvido aquella temporada de bastón, tras la rotura de una rodilla y las secuelas del "tratamiento" de un traumatólogo desidioso.



Tras el esfuerzo, el descanso en esta especie de "playa" granítica, de grandes piedras planas, mucho más extensas de lo que aparecen en la foto. Por una de esas superficies, como por un espejo, se deslizaba mansamente el agua de la sierra. El sonido, la luz, el olor, el calor de la piedra tibia en mi espalda...


(Recomendación: observar las figurillas humanas, en la parte inferior derecha de la primera foto, para ver las proporciones de la sierra).

martes, 26 de mayo de 2009

Mayo: Montes Torozos

Antes de que termine el mes, anoto en mi bitacora tres escapadas:



La foto está tomada en Peñaflor de Armijo, el Puente de Mayo. Cuatro días, ocho amigos y un territorio que recorrer: el de los Montes Torozos. Páramos, llanuras inmensas, castillos, iglesias de todo tipo (las mozárabes de Wamba y San Cebrián, lo mejor), calles porticadas, pequeños cafés con dulces exquisitos, libros, buenísima carne castellana, vinos de Toro y de Ribera, y la convivencia en una casa rural con amigos muy cercanos, aunque distantes geográficamente la mayor parte del año.



A destacar, el trayecto en barcaza de paletas aguas arriba del Canal de Castilla, desde Medina hasta la primera esclusa. He conducido muchas veces paralela al Canal, yendo y viniendo de Cantabria, y siempre he deseado navegar por alli o, por lo menos, pasear por el camino de sirga que hay en las orillas. Ha sido un recorrido corto, pero todo es empezar, porque pienso volver.

Una grata sorpresa fue el señor que surgió de las sombras en la iglesia de Wamba y se ofreció a enseñárnosla. Resultó ser un cura cultísimo, profesor de arte en la U. de Valladolid, que tenía llaves de todo y nos lo enseñó de cabo a rabo. Aunque he de decir que me cogió desprevenida cuando abrió una de las puertas y nos introdujo en un osario impresionante. Al principio me pareció normal estar allí rodeada de cráneos, húmeros y fémures perfectamente ordenados. Pero a la segunda foto, que los miré más detenidamente por el visor de la cámara, reconozco que empecé a sentirme bastante intimidada y hasta mareada. Concha, exagerada como buena cacereña, aseguró que ella no sólo les había visto los huesos, sino las caras, los ojos, las bocas... Menos mal que lo dijo cuando ya habíamos salido, que, si no, echo allí la primera papilla.


Y un susto: el que me dí cuando vi que había olvidado el bolso en un lugar ignorado, probablemente en una colegiata que acabábamos de visitar y que ya estaba cerrada. Hubo que buscar al encargado para que nos abriera la puerta y, menos mal, estaba allí. No hubiera sido tanto disgusto, si no fuera porque yo tenía uno de mis "brotes de despiste" y estaba desesperada. Unos tienen alergia, otros reúma, yo tengo despistes por temporada. El de esa semana fue especialmente virulento: Perdí el móvil, las llaves del coche, los billetes usados de un viaje que había hecho por motivo laborales y que tenía que presentar para el reembolso y varias cosas más que ahora no recuerdo. Normalmente, encuentro todo lo perdido, porque no son pérdidas reales sino que olvido dónde he puesto las cosas y tengo que empezar a reconstruir todos mis actos, en plan detectivesco, para encontrarlas. Es de lo más fatigoso. Sé que no es un principio de alzheimer, porque lo sufro desde que tenía diez o doce años: aún recuerdo aquella vez que perdí los platos cuando los llevaba de la cocina al salón para poner la mesa. Afortunadamente, los olvidos y despistes no afectan al ámbito profesional, sólo al doméstico o al privado.
:)

domingo, 26 de abril de 2009

Asphodelus




¿A que Asphodelus parece el nombre de un personaje de la antigüedad? No sé, un general, un rey, un filósofo, un abad, un historiador, un traidor, un matemático...

Pues no. Es el nombre de una planta. Yo no lo sabía, pero me lo dijo mi botánico particular, cuando vimos las laderas del monte llenas de una especie de vainas resplandecientes al sol del mediodía, que de lejos recordaban a los juncos floridos.



La flor es muy sofisticada, como se ve en la foto que hice con mi compacta. En la otra foto puede verse el porte y cómo crecen por doquier entre los alcornoques, las encinas, los acebuches...

Los acebuches... Ése fue el otro descubrimiento. Yo creía que eran olivos un poquillo montaraces y asilvestrados, pero no, resulta que son árboles diferentes, aunque de la misma familia que el olivo.

Monfragüe: Arriba, los restos del castillo. Abajo, el Tajo. En el medio,el monte vivo, lleno de árboles y de flores. Sobrevolando todo, los buitres leonados y las cigüeñas. Alrededor, el sonido de los pájaros que anidan en los árboles y la maleza.

Esta vez hicimos la "ruta roja". Sale del Puente del Francés, asciende por la ladera norte -la que mira a Castilla-, llega hasta la cumbre, desciende por el sur - las sierras azules de Cáceres al fondo- hasta el el Salto del Gitano, y continúa por una zona muy llana, paralela al Tajo, llena de derrubios espectaculares, para regresar al Puente del Francés. Una ronda de varios kilómetros, subidas y bajadas, que creo que es estupenda para la firmeza de los músculos largos que tenemos de cintura para abajo, sobre todo la de aquellos situados en ese lugar donde la espalda pierde su dulce nombre...


Hace dos o tres semanas estuvimos también por allí, en el inolvidable "Huerto del Almez", un lugar con un árbol singular de muchísimo porte y envergadura. Ya atardecía entonces y el huerto estaba sorprendentemente vacío. "Dos fuentes manaban, madre, en el Huerto del Alméz, cabe el árbol que allí estaba, cabe el árbol que yo alcé...". Me vino a la mente esta especie de jarcha -o lo que sea- que me parece que es una improvisación-elucubración propia, algo más polisémica de lo que me gustaría, surgida por la magia del instante... :P

Volveremos antes de que termine mayo, para hacer la "ruta amarilla", que iniciamos pero que no tuvimos tiempo de completar. Antes de que llegue el calor. Total, no hay que preparar demasiado: bocadillos para dos, agua, fruta, sombreros y los bastones para facilitar la marcha.



(P.D.

Esta entrada es de hace dos o tres semanas: Se me olvidó publicarla. Me queda pendiente contar otra escapada, la del Puente de Mayo. Más larga, más concurrida, pero también también muy íntima).

Fotos: Luc, Tupp and Cool

lunes, 16 de marzo de 2009

Balcones






Dicen que tienes veneno en la piel
y es que estás hecha de plástico fino,
dicen que tienes un tacto divino
y quien te toca se queda con él
.

domingo, 1 de marzo de 2009

Almendros




Esto fue ayer, sábado. Estaban anunciadas lluvias, pero no cayó ni una gota. Lo importante es que pudimos hacer los diez o doce kilómetros que van de un pueblo a otro, entre entre vides, olivos y almendros florecidos. Después de comer, aún hicimos otros cuatro o cinco kilómetros más, brujuleando por una estación abandonada, un muelle fluvial y un mercadillo muy concurrido, en el que vendían de todo lo habido y por haber.

Lo mejor de todo: la compañía. Además, la caminata ha sido el colofón perfecto de una semana bien completita.

Una de estas tardes estuve en una reunión lúdico-infantil, convocada por una mujer muy estudiosa, que prepara una tesis doctoral sobre el tema. Yo iba en mi condición de "niña" :P. Se trataba de cantar canciones de infancia, bailarlas y jugarlas como hacíamos cuando éramos pequeñas. Éramos diez o doce, de diferentes edades y procedencia geográfica. La musicóloga no sólo buscaba recopilar temas, sino detectar variaciones de espacio-tiempo. Me sentí realizada cuando sacó una partitura con mi nombre, en la que había transcrito la versión de “Soy la reina de los mares” que le canté hace varios meses. Por lo que entendí, es algo diferente a la que se canta por otros sitios y la va a poner como archivo sonoro. Me hizo una entrevista para ampliar el tema. ¡Mi voz en una tesis doctoral! Como la Callas, ni más ni menos. ¡Cómo prospero!

De todas formas, lo mejor fue cantar y bailar con mis amigüitas lo de la-chata-berengüela y teresa-la-marquesa. Me pasearon al son de la-sillita-de-la-reina-que-nunca-se-peina, porque soy una de las cantantes más “ligeras” (toma ya, doble juego de palabras). Todo eso fue antes de las cañas. ;)

Otro ratillo muy agradable de la semana, la merienda-cena de seis amigos y amigas, para preparar una “kedada”. Esperamos reunirnos entre veinte y treinta "incombustibles"… No es un asunto de esos de “fin de carrera” (aconsejable huír), aunque estamos ideando una orla que, sólo con hablar de ella, ya nos partimos de la risa. El anfitrión nos preparó migas cacereñas. ¡Exquisitas! Hacía mucho tiempo que no las comía. La última vez fue en casa de otro amigo, que vino su madre a pasar con él una temporada y aprovechamos para que nos hiciera migas. Ésas también estaban muy ricas, pero eran al estilo de la Vera, algo diferentes a las de Cáceres-Cáceres (el mismo Cáceres, como se dice habitualmente).

Por supuesto, fiel a mi cita semanal, también estuve con los de Música. Cantamos un tema en euskera y otro en gallego, para mandar buenas vibraciones a los que hoy celebran elecciones autonómicas. ¡A ver si sirve para algo! Luego atacamos otros temas más complicados y el director se enfadó un poco, porque dice que armamos mucho y no estudiamos nada. Después, para reponer fuerzas, fuimos a picar algo a un mesón cercano, en el que nos dejan desfogarnos a voz en grito. Lo peor fue poner el despertador para el día siguiente.

Aparte, fui a una comida de trabajo, con otros ocho, para despedir a un compañero que se jubila. Todos fingimos pasarlo estupendamente, lo cual no era cierto, y alabamos la exquisitez de mariscos, carnes, pescados, el punto del vino, la textura de los postres, que sí era cierto. Tras el café de sobremesa -dejé intacto el chupito de güisqui que me sirvieron- me excusé de acompañarles a “seguir la fiesta”. No siempre me agrada mezclar placer y trabajo.

Así que, después de tanto picar, comer y beber, había que hacer un poquillo de ejercicio y la excursión de ayer, a ver los almendros en flor, fue perfecta. Para hoy, esperan que la zona se llene de gente que acuden a la cita anual. Pero ayer, el campo estaba casi vacío. Una gozada.

Hoy toca descansar. Sentir las agujetas. Leer los periódicos y los colorines. Ver alguna peli. Mentalizarse: Mañana, a las ocho, el curro empieza. Tengan cuidado ahí fuera.

jueves, 26 de febrero de 2009

Plaza




Sol, solecito,
caliéntame un poquito,
para hoy y para mañana,
para toda la semana.

lunes, 16 de febrero de 2009

Quercus




A veces el invierno se desenfurruña y nos da uno de estos días claros y limpios. La tierra como que se desespereza después de las heladas, las ventiscas, la lluvia inacabable. Se prepara para la primavera cercana.

Robles majestuosos. Para apreciar su porte, fijáos en las figuritas humanas de la derecha.