martes 1 de diciembre de 2009

El Bolero de Ravel

Siempre me ha gustado el Bolero de Ravel. Me parece una música muy sensual, turbadora, incluso. Terminas envuelta en algo que ya no es sólo sonido: es tacto, como si la piel buscara vibrar con las notas y los instrumentos, como si la sangre circulara más lenta y se fuera concentrando toda en el mismo sitio, como si poco a poco se fuera reteniendo el aliento, se quedara en suspenso, hasta alcanzar el climax al mismo tiempo que la melodía se va elevando, para resolverse en ese gran estallido final.

Hoy han puesto varias versiones y microversiones del Bolero de Ravel en “Musica sobre la Marcha”. Unas más clásicas, otras más populares o festivas. Justo cuando llegaba a casa, empezaban a poner la de Benny Goodman. Un “Bolero” con swing que invita a mover el cuerpo y los pies para seguir el ritmo.

Me encontré bailando, suavemente al principio, desaforadamente, después. Veía mis evoluciones a través de las lunas del armario de la pared y me gustaba lo que veía. Me sentí bien, fuerte, flexible, con sentido del ritmo, disfrutando del baile, desinhibida… Abajo, me esperaban para comer, porque ya eran las 3,30 de la tarde. Cuando terminó el tema, bajé muy formalita, sin comentar el asunto. Fueron sólo dos o tres minutos. Quedé nueva.

miércoles 18 de noviembre de 2009

¿Y a mí quién me rescata?

Yo hace tiempo que estoy secuestrada, tan secuestrada que bordeo los límites de la abducción. Me siento confinada en mis cuatro paredes (casi, en mi almario) por un gobierno que gobierna a golpe de encuesta, por una oposición que se apunta a un bombardeo con tal de sacar tajada, por unos empresarios que gozan de beneficios privativos pero socializan las pérdidas, por unos medios de comunicación cada vez más amarillentos… Sobre todo, me siento secuestrada por esa ola de papanatismo vociferante y exigente (y, paradójicamente, cómplice e interesado) que reclama solución expeditiva a algunos problemas puntuales, aunque hace la vista gorda ante problemas más acucientes (a veces, igual de trágicos), problemas de fondo, del día a día: mes tras mes, año tras año, toda una vida, y en muchas vidas.

(Hablo del Alakrana, sí. Pero no sólo.)

martes 17 de noviembre de 2009

La vuelta al curro

Se acabó lo que se daba. Después de cuatro semanas de baja, mañana vuelvo al curro. He de reconocer que los últimos quince días han sido bastante agradables: levantarse a eso de las ocho y media, desayunar tranquilamente un capuccino estupendo -tengo una cafetera que los hace muy bien-, ducharse sin prisa, ir a rehabilitación, volver a casa a eso de las doce y media... Una vida ociosa, de rentista, de "dolce far niente", entretenida estudiando inglés, repasando música, leyendo acá y allá, viendo películas, hablando... Me gusta estar en casa, si es así.

Pero todo tiene un límite y esta mañana he pedido que me den el alta y he declinado la oferta del médico, de dejarlo para el lunes próximo ya que hasta el viernes no termino la rehabilitación.

Antes o después, hay que volver. Mejor hacerlo ya. Me esperan dos semanas de permanente irritación (el "síndrome de la vuelta al curro"). Meses de estar continuamente con la sensáción de no haber dormido lo suficiente. Y los sentimientos encontrados que provocan los trabajos y los compañeros, y sus diferentes fases. A ratos, estimulante; a ratos, aburrida; a ratos, odiosa.

¿Del esguince? Pues estoy todo lo bien que se puede estar a estas alturas. Ya sé yo que esto me estará dando la lata durante uno o dos meses más. Y también que hay un momento en que hay que empezar a moverse, porque se pierde más parada que en movimiento.

Esta mañana, el pie funcionaba bien; con el consabido dolor, pero bien. A medio día, con el alta ya firmada, tuve otra pequeña torcedura, en mi casa y en zapatillas: si hubiera llevado zapatos, no hubiera pasado. Es decir, que ya es mejor salir que quedarse.

¡Tengan cuidado ahí fuera!

sábado 7 de noviembre de 2009

Punto de vista


Barrio Antiguo de Cáceres. Esta foto ilustraba la página de Octubre del calendario de Caja Duero que tengo en la cocina. Está tomada desde arriba, creando una perspectiva inédita para mí, acostumbrada a verla siempre desde abajo.

Durante todo el mes de octubre la he mirado de reojo,preguntándome desde dónde se ha tomado. Al principio pensé que desde la torre de los Golfines, pero ahora creo más probable que se hiciera desde el campanario de Santa María. Se admiten sugerencias.

En la imagen del calendario, la iglesia de la "Preciosa Sangre”, la de la fachada encalada, parece que está en el plano más bajo del terreno. En realidad, está a mitad de cota y a sus pies se abre, como trazada con plomada, la Plaza de San Jorge. La "Preciosa Sangre" es un edificio funámbulo que hace equilibrios sobre una cornisa.



Por estas calles he volado yo de chica, cuando más que correr levitaba cuesta abajo en zancadas ya imposibles. Recuerdo el vacío en el estómago cada vez que aprovechaba los escalones de la calle Compañía para impulsarme y saltar aún más lejos. Era mejor que los cacharros de la feria.

Pero ahora estábamos hablando de puntos de vista. Ya habrá tiempo para decir cuánto y por qué extraño yo tanto ese barrio.


Foto superior: Calendario 2009. Mes de Octubre. Caja Duero. (no consta autor). La luz es imponente.
Foto inferior: Una de las primeras que hice con la Coolpix, en las navidades 2008. El cielo, de pena.
No caben las comparaciones entre ambas, más allá del punto de vista.

miércoles 21 de octubre de 2009

Pata quebrada y en casa

No tanto como quebrada, que sólo está magullada. Un esguince traicionero al bajar un bordillo y aquí estoy, con la pata en alto hasta que baje la hinchazón.

La semana pasada me tomé los últimos días de vacaciones que me quedaban. Estuve pateando por el Lago de Sanabria, que estaba acogedor y solitario y con los robles aún de color verde cómo si el otoño estuviera muy lejano. Fui a Madrid a darme un garbeo por la capital a ver si se me quita un poco la pátina provinciana de Cordura. Y luego a Cáceres, siempre acabo yendo a Cáceres. Y allí fue, al ir a subir al coche para volver a Castilla, en un bordillo-trampa de la Avenida de la Montaña (bordillos de juzgado de guardia, todo hay que decirlo: enormes y prácticamente pegados a unos alcorques muy aparatosos que parecen cepos para peatones despistados, como es mi caso). La cosa no fue a mayores porque pasé por la casa de mi hermana y me aplicaron los primeros auxilios (hielo, antinflamatorios, venda elástica). Así y todo, como se trata de un esguince recalcitrante que ya me ha dado más problemas, la baja es por quince días. No sé si aguantaré.

Esto de los esguinces empieza a preocuparme. Aparecen cuando más descuidada estoy, claro, porque cuando voy campo a través suelo ir bien preparada, con buen calzado, bastón de marcha y, si la cosa es de mucho subir y bajar entre peñascos, incluso llevo tobillera. No es sólo por la lesión en sí misma, es que me dan miedo otras consecuencias. El otro día, por ejemplo, por poco me rompo un brazo o una costilla en las hileras de granito del cepo-trampa de la avenida de la Montaña.

El retiro forzoso me viene fatal. La semana próxima tenía algunas cosas de cierta importancia en el curro (valoro si acercarme una o dos horas diarias, aún estando de baja, ya veré cuando llegue el momento). Luego está el inglés, que este año me he apuntado a la EOI y no me apetece perder clases. Y la música, que los ensayos están ya en marcha y la tertulia de después, con vinos y pinchos incluidos, siempre es de lo más gratificante.

Pero lo que más me fastidia, la verdad, es que durante una temporada no podré hacer esas marchas que tanto me gustan. Justo el próximo sábado tenía previsto ir con la gente del coro a las sierras de Ávila y de paso visitar un castro romano con un guía de lujo. Por otra parte, y en plan más íntimo, el Cautivo y yo teníamos pensado volver otra vez a la zona de Sanabria, esta vez más hacia la zona portuguesa, y aprovechar lo que queda de otoño para ir a las zonas fronterizas entre Extremadura y Castilla…

Pero, en fin, aquí estoy, la pata quebrada y en casa.

domingo 4 de octubre de 2009

Mercedes



Me gusta todo lo que canta ella. Desde el gracias a la vida de Violeta Parra a "un vestido y un amor" de Fito Páez. Me gusta su voz poderosa, con ese registro tan amplio, esa manera de frasear, hasta esa manera de hacer las las uves y las vocales. Pero las que siento más mías son dos: el duerme negrito y ésta, Alfonsina y el Mar. Las dos las aprendí de memoria hace ya mucho tiempo y las dos forman parte de mi educación sentimental. Qué digo de mi educación, de mi acervo sentimental. Estarán siempre dentro de mí, mientras me quede una brizna de entendimiento. Adios, Mercedes.

domingo 27 de septiembre de 2009

ECHARSE AL MONTE




Eso es lo que hice ayer, irme p’al monte. A pesar del calor que se esperaba, a pesar de que tenía -tengo- la garganta hecha unos zorros, me fui p’al monte. No hay mejor remedio para el mal rollete que había acumulado durante la semana.

Unos ocho o diez kilómetros por la ruta amarilla de Monfragüe, algunas fotos rápidas, dos o tres lugares de umbría (la fuente del Alisal o la de los Tres Caños, por ejemplo), casi todo llano con alguna pendiente suavecita, el Tiétar… La única dificultad, el sol de plano en la mayor parte del camino…

El esfuerzo tuvo su recompensa porque me encontré un cervatillo entre los matorrales de una ladera. Se escondió enseguida, asustado del ruido de mis pasos. Después vimos a una hembra con su cría, que se alejaron en cuanto nos oyeron llegar.

Y luego estuvo mi portesgeist particular. Mientras caminábamos por un espacio descubierto y hacía un sol radiante, durante un buen trecho me cayeron gotas fresquitas desde el cielo. Gotas gruesas, como de lluvia de verano. Pocas y espaciadas, eso sí. No tendría misterio, de no ser porque al Cautivo, que caminaba delante o detrás, no le caía nada. Ni me creía cuando se lo decía, hasta que vio por sí mismo las pequeñas marcas de humedad en mi camiseta, y cómo se me estampaba una gota enorme en el antebrazo y otra en la mano. Je je je. Igual fue por la electronegatividad que había estado acumulando durante toda la semana, que descargó de pronto, atrayendo hacia mí esas gotitas, como un regalo.

Foto propia: Fuente del Alisar. Monfragüe. Coolpix. P6000. F/4.7, 1/29 seg. ISO 64.