martes, 3 de febrero de 2009

What a wonderfull world




He estado media tarde estudiando la partitura... Más bien, la fotocopia no demasiado nítida de la partitura.

What a wonderful world... Hay varias versiones, que he repasado para captar bien el fraseo en inglés. Para la música, no, porque cuando se canta en grupo la línea melódica de cada una de las voces suele ser algo diferente de la que estamos acostumbrados a escuchar. Es como si a uno le tocara hacer de saxofón, al otro de violín, al otro de contrabajo... y a ninguno le tocara hacer de cantante.

La versión más clásica es la de Louis Armstrong. El number one, porque la canción se escribió especialmente para él. Suena genial.


Hay buenísimas versiones de muchísimos cantantes, pero hoy me he quedado con el dueto Eva Cassidy - Katie Melua. Eva Cassidy hizo una versión muy especial. Era una mujer de voz, oído y sensibilidad portentosa, que murió muy prematuramente. Con su versión, Katie Melúa ha montado el dueto.


Mundo maravilloso

Veo árboles verdes, rosas rojas también.
Las veo florecer para ti y para mí
Y pienso, que mundo tan maravilloso...


No siempre es verdad lo de ese maravilloso mundo, aunque los árboles, las rosas, el cielo, el arcoiris, la gente y los amigos existan. Hay demasiada destrucción, demasiado dolor, demasiados problemas a nuestro alrededor como para decir eso.

Pero también es cierto que, de pronto, el mundo nos ofrece la cara más bella y amable. Y cantaríamos el what a wonderful world a pleno pulmón, sintiéndonos felices al hacerlo.

En todo caso, yo me he pasado la tarde cantándola. Y al ver el amplio cielo tras los cristales, los árboles, las madreselvas con gotas de lluvia formándoles diademas en las crestas, el fuego crepitante y acogedor, la suave pereza de salir de casa aunque sea para ir a... no se sabe a qué, la he cantado con convicción, como grito de guerra casi: Waht a wonderful a world.

Me ha venido genial, después de la mañana de curro-del malo que he tenido. El curro es como el colesterol, que dicen que hay del bueno y hay del malo. El mío de hoy ha sido del malo. El de mañana, me pega que también: una reunión a las ocho en punto, ya es empezar con muy mal pie.


VEO EL CIELO AZUL
Y NUBES BLANCAS
EL BENDITO BRILLO DEL DÍA,
LA SAGRADA OSCURIDAD DE LA NOCHE

Y ME DIGO A MI MISMO
QUÉ MUNDO TAN MARAVILLOSO

LOS COLORES DEL ARCOIRIS
TAN BONITOS EN EL CIELO
ESTÁN TAMBIÉN EN LAS CARAS
DE LA GENTE QUE PASA
VEO AMIGOS DÁNDOSE LA MANO
DICIENDO "QUÉ TAL ESTÁS"
EN REALIDAD ESTÁN DICIENDO
"TE QUIERO"

OIGO A LOS BEBÉS LLORANDO,
LOS VEO CRECER
ELLOS APRENDERÁN MUCHO MÁS
DE LO QUE YO NUNCA SABRÉ

Y ME DIGO A MÍ MISMO
QUÉ MUNDO TAN MARAVILLOSO
SÍ, Y ME DIGO A MÍ MISMO
QUÉ MUNDO TAN MARAVILLOSO

AND I THINK TO MYSELF
WHAT A WONDERFUL WORLD
YES I THINK TO MYSELF
WHAT A WONDERFUL WORLD
.

Good night

domingo, 1 de febrero de 2009

Quiénes somos, de dónde venimos

Animación en 3D creada por cuatro estudiantes de ESMA Film School, Montpellier, Francia. Ocho minutos y medio. Me hizo gracia el guión y la leve vuelta de tuerca del desenlace...



Ex-E.T. - video powered by Metacafe

martes, 27 de enero de 2009

Valse Espagnole

Traigo aquí este “Valse espagnole” porque me gustó mucho cuando lo oí en el concierto de año nuevo, del Barenboim. Igual fue porque me parece que no lo conocía. O porque disfruté de esa primera mañana del año recién nacido, una mañana tranquila e íntima, a pesar de que para el medio día teníamos invitados. O porque el sonido tan suave de castañuelas, el pizzicato, la sensualidad de las cuerdas, iban muy bien a mis sensaciones de ese día. O porque se llama “espagnole” y me alegró que, aunque fuera en francés, se nos evocara de una forma tan bonita… O porque pude ver el concierto entero, después de tantas veces de escucharlo a trozos mientras viajaba, o de medio entreverlo entre las conversaciones de desayunos familiares bastante concurridos.
El caso es que, cuando fui a otra cosa a la tienda donde suelo comprar música, no pude resistir la tentación de preguntar si ya tenían el concierto. Lo tenían y lo compré, claro.
Pues nada, como dicen que todos los santos tienen octava, dado que los Santos Reyes Magos son tres, podemos decir que tienen tri-octavas. O sea, que estamos en plazo para que yo aún pueda haceros un regalo de reyes:
“Valse espagnole”, de Joseph Hellmesberger II, interpretado por la Filarmónica de Viena dirigida por el grandísimo Daniel Barenboim…



lunes, 19 de enero de 2009

Musica en las calles

Una canción conjunta desde las calles de California, Louisiana, Holanda, Nuevo Méjico, Francia, Brasil, Rusia, Venezuela, Congo, Sudáfrica, España, Italia,




Stand by me


When the night has come
and the land is dark
and the moon is the only light we see
no I won´t be afraid
no I won´t be afraid
just as long as you stand, stand by me

And darling, darling stand by me
oh, now, now, stand by me
stand by me, stand by me

If the sky that we look upon
should tumble and fall
and the mountain should crumble to the sea
I won´t cry, I won´t cry
no I won´t shed a tear
just as long as you stand, stand by me

And darling, darling stand by me
oh, stand by me
stand by me, stand by me, stand by me

Whenever you´re in trouble won´t you stand by me
oh, now, now, stand by me
oh, stand by me, stand by me, stand by me

domingo, 18 de enero de 2009

Castigada



Me han castigado en la biblioteca pública a estar casi dos meses sin poder sacar libros. Una trayectoria sin tacha y me veo así, proscrita.

Mi falta es haber devuelto con retraso tres libros bastante gordos. No sé si, en caso de ser delgados, la sanción sería menor. Como los devolví espontáneamente, antes de que me conminaran para hacerlo, me han aplicado algún atenuante. Pero no han considerado el hecho cierto de que los textos eran un truñazo y que, además, estaban profusamente subrayados, con lo que se hizo muy difícil la lectura. Tampoco han querido saber nada sobre que tuviera que leerlos por obligación, con lo que es plausible que mi voluntad no estuviera perfectamente conformada. Vi tan inabordable al bibliotecario que ni siquiera alegué lo de la amnesia temporal, o lo de que no me fijé en que no los había devuelto porque quedaron semiocultos bajo otros libros que me regalaron en Navidad...


El viernes pasé por delante del edificio que alberga la biblioteca y crucé el antiguo atrio de arcos renacentistas, al que se abren ventanas por las que asoman cientos de libros. Me sentí como delante de un escaparate en el que se expusieran mercancías inalcanzables.

Dura lex, sed lex.

domingo, 11 de enero de 2009

Rebajas

Estaba yo con el cautivo en una tienda elegantilla del centro, por ver si le compraba algún harapo decente para llevarle a un próximo evento al que hay que asistir con los esclavos, cuando me encontré, de cuerpo presente, con el emperador-dor-dor, que estaba comprándose una túnica nueva.

Fue casi como una aparición espectral, fantasmagórica, que me dejó en suspenso, casi en la estupefacción, durante unas milésimas de segundo.

Buscando una determinada prenda, llegue hasta el último rincón del local, por lo que a mi izquierda sólo había una pared y al frente los expositores repletos de mercancías.

De pronto, tal como debió de aparecérseles la virgen de Fátima a los pastorcitos, así se me apareció a mí, entre camisas y jerseys, el emperador.

Le vi como en plano americano. Estaba rígido, embutido en un traje oscuro, mirando al frente con una expresión extraña, escrutadora y a la vez perdida en el vacío. Una luz cenital le iluminaba el rostro y acentuaba las sombras bajo los huesos del craneo. Salvo por lo bajito, era la viva imagen de Boris Karloff en el instante previo a que Frankenstein le infundiera vida.

Me quedé clavada, con una camisa en la mano, sin comprender muy bien qué es lo que pasaba, y por qué aparecía de improviso esa visión donde sólo debía haber estanterías.

Mi adiestrado cerebro de lógica implacable, casi silícica, halló pronto la explicación. Acababa de ver la imagen de un espejo, no al emperador en sí. De acuerdo, ahora sólo me faltaba saber cómo había aparecido el espejo.

Observé que la pared de la izquierda no llegaba hasta el final, sino que había un hueco de ocho o diez centímetros que comunicaba con el fondo de un probador situado al otro lado del tabique. Allí, justamente, debía de haber un espejo que no debería ser contemplado por nadie, excepto por el que se reflejaba, pero que, por un azar imprevisto, yo había llegado a vislumbrar. En efecto, fue el hecho de que yo tuviera que acercarme mucho y ponerme de puntillas para alcanzar una de las prendas lo que permitió que la imagen de lo que sucedía en ese sancta-sanctorum entrara en mi campo de visión.

Resuelto el misterio. El emperador se estaba probando un traje y yo le había sorprendido cuando se contemplaba escrutadoramente en el espejo.

Ahora la cuestión era si él me había visto a mí. Y ahí no pondría la mano en el fuego. Cuando más conmocionada estaba por la aparición, me pareció detectar que el espectro miraba de reojo hacia donde yo estaba. Y comprendí que, si yo había podido ver la imagen del emperador, el emperador también podría haber visto mi imagen, ya que la reflexión óptica es lo que tiene, que existe simetría.

Comprendí más: Si yo me había quedado de piedra cuando le vi aparecer entre las estanterías, ¡cómo se habría quedado él, cuando yo se le aparecí mientras que se dedicaba a la propia contemplación en un espacio tan íntimo!

Aunque bastante divertida por la situación, también me sentía algo cortada, consciente de haber invadido su privacidad, aunque fuera involuntariamente. Si es que, cuando una se deja gobernar por la ética pofesional, pasan estas cosas.

Así que opté por abandonar el local antes de que el emperador saliera del probador, ya que en ese momento no me apetecía nada un encuentro.

Quedaba la cuestión de si los harapos elegidos servían o no servían para el cautivo, pero ya se los probaría tranquilamente en su mazmorra -que el cautivo es muy suyo para esas cosas- y, si no le convenían, siempre cabía el recurso de la devolución.

Me dirigí a la caja y mientras esperaba a que nos atendiera la cajera, le expliqué al cautivo el motivo de nuestra salida apresurada, además de comentar algunas otras cosillas sobre la forma y color de los harapos y su posible utilidad.

Estaba ya preparando la tarjeta, cuando oí un alegre “feliz año nuevo” y sentí una palmadita en las espaldas. Me volví, con un respingo. El emperador, sonriente, se acercó para darme dos besos. “Aquí el cautivo, aquí el emperador”, dijo yo, educadamente. “José Miguel”, corrigió el emperador con simpatía. Y dirigiéndose a una mujer que llevaba un buen rato haciendo cola junto a nosotros, nos la presentó como su esposa.

Y ahí es donde yo noto que me falta malicia, la verdad. Durante la espera, había visto fugazmente a la señora, pero no presté atención a dos detalles importantes: El primero, que la señora me había mirado con bastante curiosidad y hasta como si me conociera y esperara algún gesto por mi parte. El segundo, que la señora llevaba en las manos un traje azul a rayas, clavadito a los que el emperador suele llevar corrientemente y al que yo había visto en el espejo, dato que no había pasado desapercibido a mi incosciente pero al que no presté mucha atención.

Resumiendo: Que la señora me conocía a mí y creía que yo la conocía a ella. Más aún, que la señora debía de haber escuchado todo lo que yo le decía al cautivo sobre cómo había sorprendido a su marido probándose un traje. Item más, que si el emperador no me vio por el espejo, ya se encargaría de contarle su mujer que yo sí le había visto a él.

Si es que, cuando se conjuga un verbo, hay que conjugarlo en todas las personas del tiempo verbal: Yo te sorprendo, tú me sorprendes, él nos sorprende, nosotros os sorprendemos, vosotros nos sorprendéis, ellos nos sorprenden.

No se qué hacer, si repasar la gramática o leerme ese libro de Goleman que todo el mundo recomienda sobre la inteligencia emocional.

miércoles, 7 de enero de 2009

Gaza





Música: The Armed Man - A mass for peace. Karl Jenkins.