domingo, 30 de noviembre de 2008

Barcelona

Avenida de Gaudi. egregor46


Moleskine imaginaria, anotaciones rápidas, cinco días en Barcelona:

- Tiempo sin verte, Barcelona. Tan guapa como siempre.
- Luces a tutiplén. Parece que estoy dentro de un árbol de navidad.
- Brrrr. ¡Y eso que dicen que por aquí no hace frío!
- Gracias, muy amable. Con las obras me había despistado. (¿Por qué tendrán fama de antipáticos los catalanes, si son un encanto?)
- Bufff. En general, esto está interesante. Pero, ¡qué purazo nos acaban de soltar!
- Picasso, no toca. Els cuatre cats, tampoco. Horario escolar. Comidas, demasiado formales. Las cenas por la zona antigua no han estado mal.
- ¡Manía, lo de poner los croissans "a pelo", sin cuchillo y tenedor! Terminas pringada de migas y azúcar.
- ¡Marchando una de Ramblas!
- ¡Providencial, el fnac de la Plaza de Cataluña!
- Barrio gótico, con aguacero incluido. ¡Qué manera de jarrear!
- Pues, bueno. No es que mi acompañante sea, precisamente, la persona que yo escogería para visitar una ciudad o para echar unas risas, pero tampoco ha estado mal. Todo ha resultado mejor de lo que pensaba.

Y dos escenas de avión:

Ida: Nieva al subir al aparato. Los copos se recortan contra la oscuridad del cielo nocturno. ¿Por qué recuerdo la escena de la película Casablanca? Tal vez porque el avión también es muy pequeño, tanto que parece un avioncito de playmóvil.

Vuelta: ¡Si cojo al desgraciado que escupió el chicle en no sé qué lugar del aeropuerto, y que ahora está "restregao" y bien "restregao" en los bajos de mi parka negra, con salpicaduras en el resto de la prenda, además de estar "incrustao" y bien "incrustao" en las perneras de los pantalones, lo estrangulo allí mismo.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Cuadros

La black-and-decker ha echado humo durante todo el fin de semana, haciendo taladros. Retrasamos la comida de hoy, hasta las cuatro de la tarde, para terminarlo todo. Tengo agujetas, me duelen los riñones, me he arañado en una mano, pero… misión cumplida: en total, ocho cuadros nuevos en las paredes de la casa.

Por fin, el aguafuerte que me regalaron las Navidades pasadas, cuelga de mi habitación. Se llama “Ensueño” y es de Paula Cox… En la foto se ve pequeño, compacto, y pierde delicadeza. Pero mide 75,5 X 57, más cuatro o cinco centímetros de passpartout blanco, y las líneas curvas de la figura y las plantas le dan mucha ligereza.



A pesar de que corre el riesgo de deteriorarse con la luz excesiva, lo he puesto junto a una de las ventanas. No pude resistirme al juego de sugerencias entre los dos balcones. Tal vez la mirada prestada de la mujer del cuadro me lleve alguna vez hasta ese espacio cálido en el que parece flotar ella, que imagino lleno de aromas y de sonidos…

También he colocado cerca de la cama una serigrafía algo menor, un campo amarillento bajo un cielo gris y rosa, como uno de esos paisajes palentinos interminables.

Y así hemos seguido con el resto de la casa: Una aguatinta de suaves colores, que representa un paisaje urbano, en el salón. Un aguafuerte de motivos abstractos, en la entrada. Una acuarela con barcazas y grúas, en la escalera. Una litografía con un jarrón de flores vagamente impresionista, en el rellano...

Poco a poco, tacita a tacita, he ido consiguiendo una pequeña colección de obra gráfica “original”, si es que puede llamarse original a litografías, serigrafías, grabados, aguatintas de edición “más o menos” limitada. Es una colección pequeñita, sin muchas pretensiones, a la que se suman dos o tres óleos adquiridos o regalados por amigos pintores y algunas acuarelas heredadas, de ambiente marítimo y portuario que, más que nada, tienen un valor sentimental.

No acababa de encontrarle sitio en casa, en parte porque casi no tengo paredes (los ventanales y las librerías se lo comen todo), en parte porque ya tenía colgadas algunas reproducciones que habría que retirar y que, para más inri, habían dejado la marca correspondiente en la pared. Pero las obras están para que se vean, no para tenerlas guardadas en un cilindro de cartón o tras una puerta. Y como este verano se pintó la casa, pues no había escapatoria.

Lo más difícil ha sido colocar una litografía titulada “Porcelana del Caribe”, de una artista colombiana llamada Ana Mercedes Hoyos. Es un bodegón de colores planos y restallantes: El rojo y verde de una sandía, de negras pepitas, flanqueado por frutas tropicales, en un recipiente gris antracita, bajo un entoldado rojo y naranja, sobre la arena caliente y con el mar al fondo.

Lo hemos colocado en un lugar muy visible del salón. Está cerca de un espejo de marco levemente dorado. Le sienta como a un cristo dos pistolas, pero no me importa. Una casa, como un rostro, está hecha de los contrastes que el tiempo, las necesidades y las posibilidades económicas han ido marcando, y una no puede pretender que todo cuadre en el falso equilibrio de las revistas de papel couché... Una casa es un sitio para vivir, no un escaparate.

El resultado final me gusta, a pesar de que en el enmarcado ha habido algunos desaciertos y de que no ha sido fácil combinar las obras más convencionales (las heredadas) con las más modernas. Pero, a lo hecho, pecho. Quien no se atreve, no se hace a la mar.

Eso sí, doy por cerrado el capítulo de nuevas adquisiciones. Ahora, si alguien quiere regalarme algo, lo tiene un poquillo difícil… A ver: no quiero libros, no quiero discos, no quiero cuadros, no me gustan las joyas ni las bisuterías, no me gustan las pieles, hay perfumes que nunca me pondría y no tengo sitio para un rols royce en mi garaje…

¡Si cuando dicen que soy una mujer difícil…!

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Miriam Makeba



Murió con las botas puestas, cerca de Caserte, después de participar en un concierto a favor de Roberto Saviano, amenazado por la Camorra.

Fue cantante de multitudes y activista comprometida en los derechos humanos y contra cualquier tipo de discriminación o injusticia, entre ellas, la violencia de género.

Estas son sus sencillas palabras en la ONU, pidiendo la eliminación del apartheid.





La dejo cantando, junto a otros muchos, que así es como a ella le gustaba cantar, "N'Kosi Sikeleli Africa":

jueves, 23 de octubre de 2008

La túnica del emperador

No es que yo sea una rousseaoniana irredenta. No. Sé la tela que corto y el suelo que piso. Pero flipo con el nivel de ensoberbecimiento y estupidez que puede llegar a alcanzar el Mandarín de turno, y con el grado de servilismo, en los límites del envilecimiento, de algunos de los que le rodean.

Los pelotas profesionales no cuentan, ni los trepas, que ya sabemos que alrededor de un poderoso, por mínimo que sea su poder, siempre hay una Corte de los Milagros dispuesta a todo, a mayor gloria del Mandarín y en legítimo beneficio de los pelotudos.

Tampoco cuenta, o cuenta poco, esa mayoría que se vuelve muda, sorda o ciega, según y cómo. ¿Qué culpa tienen ellos, pobrecitos, de estar mirando para otro lado justo en el momento en que dicen que cuentan que pasó no sé qué? ¿O de estar tan abstraídos en el trabajo que ni se enteraron de aquello que dicen que se dijo pero que no les consta? Y, claro, no constándoles, seamos serios, ¿cómo pueden alzar su voz en contra?


Lo que hoy me cuenta es que haya tantos que cultiven el correveidilismo y hasta la delación y la calumnia, por puro deporte. Con eso, no es que flipe, es que me quedo patidifusa.

He aquí a un hombre culto, afable, simpático y dispuesto siempre a ayudar, llamado A, compañero y amigo de otro hombre, llamado B, que pertenece a la misma organización pero a un área profesional distinta, por lo que no compiten entre sí. A toma café asiduamente con C, jefe de ambos y mandarín rín rín. ¿Qué razones tiene A para irle cotorreando a C todo lo que B ha dicho sobre él?

Allí tenemos a E, una mujer inteligente y preparada, con un futuro prometedor, que mantiene relaciones de amistad con una de sus subordinadas, F. En una de sus conversaciones, F. le confiesa a E que se siente algo discriminada por una decisión que ha tomado C, pero que prefiere no protestar porque espera que éste cambie pronto de opinión, como suele suceder. ¿Qué motivos tiene E para “dejar caer” esa confidencia en una reunión presidida por C, de modo que el mandarín, dios viviente donde los haya, monta en cólera y se la jura a la pobre F para una buena temporada?

¿Qué ganan y qué pierden A y E en esa transmisión de información, aparentemente inútil para ellos?, me pregunto. ¿Es un reflejo condicionado, porque otra gente ha hecho con ellos lo mismo y ya se han acostumbrado, o lo hacen por otros motivos? Cuestión filosófica o cuestión científica -simple balance de materia y energía-, ahí la dejo, por si alguien tiene la respuesta.

En fin, que yo no soy A, ni B, ni E ni F. Soy una X que pulula por ahí, procurando moverme por mi propio impulso, sin quedar atrapada en el orden alfabético que los atrapa a ellos. Pero eso no obsta para que –franchute que me siento hoy- reniegue del “buen salvajismo” del Jean-Jacques Rousseau y me sienta más cerca, aunque sólo sea por el título, de “La Náusea” de su semi-tocayo, Jean-Paul Sartre.

Y, para no dejar las cosas con ese sabor frío, pedante y gabachero, termino con el cuento que tanto me gustaba, ése de un niño clarividente e insobornable, que le gritó a un Mandarín, y de paso a toda la Corte aduladora y comulgante con ruedas de molino: “¡Majestad, estáis desnudo y con el culo al aire!

Para los que se hayan perdido, aquí dejo un esquema del trasiego informativo:

B --> A -->C
F-->E--> C

C = el Mandarín Rin Rin de Sable y Cornetín.
A, E = los correveidiles
B, F = los paganos

miércoles, 15 de octubre de 2008

El libro andante

Hasta ahora, ninguno de estos se había cruzado en mi camino. Lo encontré ayer en una mesa de una habitación de mi casa. El que lo trajo, lo había encontrado en un banco de un parque de Santander. Pronto, supongo, volverá a circular de mano en mano. Pero no antes de que yo también lo lea.



El libro se llama "Mujer en guerra” y es de Maruja Torres. En la contraportada hay una declaración escrita con escalpelo. Ella, Maruja, dice que el libro “es la historia de cómo llegue hasta aquí huyendo de la mujer que querían que fuera”.

La idea del libro itinerante me ha gustado. Tengo que pensar cuál pondré yo en circulación. Aún más, pensar si no será ésa la solución para una biblioteca que a veces me agobia, por el espacio que consume, por los cuidados que exige, que yo no siempre le presto, y porque al final tardas lo mismo en encontrar algo en una biblioteca pública o en Internet: Compartirlos. Dar una parte de los mismos a los demás, para que puedan leerlos.

:) Me gusta la idea. Ir dejando libros en la calle, con una de esas etiquetitas. Seguir su pista por esta página: www.BookCrossing-Spain.com

lunes, 13 de octubre de 2008

Lapsus

Tenía metida la canción entre ceja y ceja, no sé por qué. La canturreaba, distraída, cuando uno de mis amigos comenzó a acompañarme, haciendo contrapuntos con su estupenda voz, capaz de pasar de tenor a bajo sin aparente esfuerzo. Y en ésas estábamos, hasta que yo cometí el error:


Queditito,
aires, aires, aires,
airecitos,
pasito.
Soplad suaves,
Porque mi amor,
Porque mi amante,
Tranquilo pace
.


Por supuesto, no era pace, sino yace. Con las risas, fue imposible seguir cantando.

Os dejo el fragmento. Es de "Queditito, quedo", de “El gran barroco del Perú”. Los que cantan son los del "Exaudi Havana Choir", ellos, sí, sin olvidos ni equivocaciones.


viernes, 3 de octubre de 2008

¡Hace frío ya!


Discover Hace frío ya!


Hace frío ya… Los seis grados de esta mañana se notaban, incluso, bajo la parka ligera que saqué del armario según oí la temperatura por la radio.

El día amaneció azul y el sol hizo lo que pudo por calentar un rato .Los árboles están tan panchos, como sin enterarse de que pronto sufrirán alopecia galopante. Pero hace frío ya…

(La que yo canturreaba era la versión italiana, Ma che fredo fa. Esta versión española es de la película "Perdona, bonita, pero Lucas me quería a mí". Parece como si el autor fuera el de la banda sonora de ese film, cuando no es así).