sábado, 20 de febrero de 2010

Londres



Lluvias intensas y nevadas débiles. Humedad 86-99%. Vientos flojos sur-suroeste, 5 - 8 km/h. Temperatura: Máxima de 2ºC, mínima de -2ºC. Punto de rocío aprox. -1º C.

Al fondo, el London Bridge. En el ángulo superior izquierdo, parte del paraguas que sostenía con la mano izquierda mientras, con la derecha, inmortalizaba el momento.

Me quedo con la National Gallery, el disfraz de Sherlock Holmes y las risas en el undreground, cuando nos encontramos con el chileno. Tampoco esta vez subí al London Eye y ahora me arrepiento. Prohibitivo el Eric Clapton.

lunes, 8 de febrero de 2010

Un recuerdo

Mi madre murió cuando yo aún no había cumplido ocho años y hoy es su aniversario. Cuando sucedió, yo estaba a setecientos kilómetros de mi casa. Me lo contaron como se cuentan a los niños estas cosas, mezclando fantasía y realidad, de manera que el niño (la niña) queda aún más confuso. A mí me dijeron que mi madre se había convertido en una estrella y que desde el cielo me miraría siempre. He tardado en entender por qué me gusta tanto el cielo estrellado y me fascina Orión, que justamente luce en esta época del año. No estoy segura, quizá sea sólo por la belleza de las líneas de esa constelación. Yo no creo en el más allá ni tengo el consuelo de los rezos. Pero siempre recuerdo a mi madre en estas fechas y pienso que quizá ella pueda sentirme desde algún sitio, y dedico unos instantes especiales para su memoria. Me gusta reservarle ese momento, porque aún añoro la tibieza de su regazo, su mirada esperando mi llegada desde un balcón, cuando yo estaba perdida. Hoy he mirado al cielo nocturno y, a pesar de los nubarrones, he visto tres estrellas. Yo no sé si una de ellas, o las tres, una para cada uno de sus hijos, me han mirado. Pero he sentido algo cálido muy dentro, como tantas otras veces que miro el cielo. Y le he dado las gracias. Cuando ella se fue a mí me siguieron queriendo: mi padre, mis tíos, mis hermanos y luego más gente, no me quejo. Pero siempre, siempre, la he echado de menos.

martes, 2 de febrero de 2010

TANGO PARA UN URUGUAYO QUE SE FUE

Ya no te preguntaba por la salud, desde que te noté esquivo y me dijiste algo así como "sigo, que ya es mucho". Desconocedores de todo lo que no sea vivir, el misterio de la proximidad de la muerte se nos escapa a propios y a ajenos y somos incapaces de comprenderlo.

Seguías enviando correos sobre las mismas cosas que antes: Irán, Irak, Israel, Gaza, USA, aztecas y españoles, religión, fotografía... Una vez me mandaste un artículo para mi otro blog, "Mujer, la otra parte de la Humanidad",sobre la utilización de la violación como arma de guerra en el Congo,que aún sigue allí colgado. Las crónicas sobre México fueron estupendas, y todo lo que escribiste sobre el imperio azteca, Pizarro, la Malinche, era buenísimo. Te sorprendistes cuando te dije que una hija de Moztezuma se estableció en Cáceres y que aún está por allí el palacio que lleva su nombre.

Nunca habíamos hablado de música, no sé por qué, hasta que mandaste la noticia de que habían declarado el tango patrimonio de la humanidad. Entonces te conté que formaba parte de un grupo musical y que estábamos ensayando dos tangos, uno de Piazzola y otro de Polo Vallejo. Contestaste enseguida:

"Y me tenés que mandar una grabación tuya, que con la manera habitual de juzgarte por lo bajo, con humildad excesiva, debés cantar fenómeno!!
chau, un abrazo
".

Pero no te la mandé, quizá porque yo sabía que esta vez -sólo por esta vez- tú no tenías la razón. También yo me equivoqué al no mandarla: lo importante no era cantarlo bien o mal, sino mandartelo, ya que me lo habías pedido.

Es tarde para rectificar, ya no hay nadie a quien mandarle grabación alguna. Pero intentaré conocer a toda la gente de la que hablabas en ese correo.


Publico también el resto del mensaje. Esta entrada, por si no te habías dado cuenta, la haremos a medias:

"Pues yo nunca negué que el tango es rotundamente misógino (excepciones ilustres aquellos interpretados por Rosita Quiroga, Susana Rinaldi y Tita Merello, que elegían su repertorio y le daban un giro totalmente distinto, Paquita Bernardo, una de las propulsoras, y unas pocas más)

El tango fue todo esto y fuertemente nostálgico, horriblemente edípico -la figura de la "viejita" es siempre impoluta, perfecta y tiene aún algunas otras características "políticamente incorrectas" Pero Piazzolla, Rosita Quiroga, Troilo, Gardel, Rivero -unos pocos ejemplos- y poetas como Discépolo y Manzi y Cátulo Castillo y Mattos Rodríguez y una pléyade más -prefiero no pecar por omisión- le dan una categoría y un vuelo poético extraordinario, así como abrevan en un crisol de nacionalidades y de nostalgias que se entrecruzan y se potencian y claro, la enorme fuerza expresiva de ese instrumento de origen alemán que es el bandoneón. En el tango se expresa la fusión de todos los inmigrantes pobres de todas partes de Europa, absolutamente impensable en Europa misma."

Jorge Camboni (Tragamuvis)



Te echaré mucho de menos. Es difícil cruzarse por el camino con alguien tan completo como tú y no es fácil aceptar la despedida.

Chau. Nos encontraremos en muchos otros momentos. Tu nombre sigue aquí, prendido en tantas cosas que hemos abordado juntos y con otros que pululan por ahi.

¡Hasta siempre, Tragamuvis, Geo, Jorge Camboni!




sábado, 23 de enero de 2010

FRUTAS

Caqui, peras y mandarinas. TUPP. 2010


No sé si será por los excesos de las últimas fiestas, pero el caso es que sólo me apetece comer fruta. Me gustó la mezcla de colores de éstas que tenía en la cocina y decidí hacerles una foto.

Está un poco desencuadrada, porque tengo cierta tendencia a desviar las cosas hacia la izquierda. No es metáfora, o no sólo metáfora: he comprobado en bastante fotos que el cuadro está algo desplazado. Creo que se debe a que en el momento del disparo muevo un poquillo la cámara.

Hay cierta dominante roja, motivada por el sol de mediodía. He preferido dejarla así. A mí el aire dorado me carga las pilas.

Las frutas pasaron a mejor vida. ¡Ay! ¡Sic transit gloria mundi!

jueves, 7 de enero de 2010

Fotos


Acaba de cumplirse un año de un acontecimiento crucial para las generaciones venideras: mi regreso a la fotografía (je je). Así que he decidido abrir una serie de post para exponer mis creaciones.

Fue una vuelta acorde con mi estilo humilde, sencillo, escueto (más jejés), sin ínfulas. Así que re-comencé con una cámara compacta, relativamente ligera, aunque con algunas prestaciones a la hora de realizar ciertas tomas.

Buscaba poder llevarla en el bolso a todas partes. Si dejé de hacer fotografias fue, sobre todo, por lo pesado que resultaba llevar el equipo a todas partes.

En ese sentido, al menos, acerté. Durante este año he hecho casi ocho mil fotos, lo que hubiera sido imposible con una cámara mayor. Pero, en muchas ocasiones, ésta se me queda algo cortita. El resultado es que eso también supone un freno para esta afición mía, que no acaba de despegar. ¿Qué solución tiene esto, salvo la de contratar a un/una ayudante para que me lleve el equipo a todas partes? Ninguna, es obvio. En esas me debato.

La fotografía que he elegido para ilustrar esta pasión la hice hace ya cerca de un año, cuando estaba aún probando el nuevo juguetito. No está bien enfocada, la luz no está medida, pero me gusta.

Ese encantador caballero del bastón me abordó mientras yo fotografiaba un edificio y estuvo pegando un ratito la hebra, ponderando tanto los monumentos de alrededor como su perrito. "Puede usted hacerle una fotografía al perro, si lo desea", me dijo con muchísima amabilidad. Y yo les fotografié a los dos. Le gustó, cuando la vio por la pantalla. Me hubiera gustado conocer su dirección, para enviarle una copia.

martes, 5 de enero de 2010

¡Los pájaros!

El video no es gran cosa, ya lo sé. No tengo práctica haciendo videos. Era de noche. Llovía. Mi cámara es una compacta... Y luego, la impedimenta: En una mano llevaba un paraguas abierto y una bolsa de papel bastante grande, con el regalo de Reyes de El Cautivo. En la otra, la cámara, más o menos en vilo, aunque del codo me colgaba el bolso que se me había resbalado del hombro y que, obviamente, no podía devolver a su lugar. Paraguas, cámara, bolso y bolsa, dificultaban los movimientos. En realidad, la que estaba para que le hicieran un video era yo: lo noté por la mirada divertida que me dirigieron unos chicos que pasaban por allí.

Al menos os podéis hacer una idea del efecto y del entorno.

lunes, 4 de enero de 2010

LIBROS AL PESO VS. SU PESO EN ORO (amago pseudocrítico)

Últimamente, leo los periódicos on line, así que la única letra impresa que entra en casa es la de los libros y los folletos del carreflux. Los folletos van directamente al P.D.R.D. (punto de recogida de documentos, es decir, un cubo rojo situado bajo el fregadero), a la espera de llevarlos al reciclaje. Los libros, no. Me parezcan buenos o me parezcan malos, siempre les busco acomodo en alguna estantería. Cosa aparte es que algunos merecieran el P.D.R.D. ipso facto.

Ése es el caso de uno que me han regalado estas Navidades. Alguien de mi familia, ya sea por ignorancia, pereza o simple malevolencia, se desatrancó regalándonos ejemplares del mismo libro a varios de los que nos hospedábamos en su casa. Dice la “Single Bell que fue pura venganza por las molestias que le ocasionamos periódicamente en las fiestas de guardar.

Se trata de una obra publicada en pasta dura, de corte policíaco, situada en la baja Edad Media. Como en “El nombre de la rosa”, pero en Castilla. No pasé del primer capítulo y el primer párrafo. En él se describe un amanecer que va iluminando las diferentes partes de un castillo: almenas, murallas, torre del homenaje. Me pareció que se haría de noche antes de que el autor terminara de describir el fenómeno y el recinto. Al final del mismo (del párrafo) encontré dos veces el adjetivo “tosco/a”, separados entre sí por apenas veintidós palabras. Se trataba de un tosco y oscuro torreón, formado por toscas y oscuras piedras. No conté las veces que aparecía “oscuro/a”. El segundo párrafo empezaba con una flagrante coma entre el sujeto y predicado, y ahí es donde abandoné.

(Al día siguiente de la abortada lectura, me llamó la "Single Bell", indignadísima. Ella no tuvo más remedio que leérselo enterito mientras volvía a sus Madriles. No tenía ninguna otra lectura a mano, la película que ponían en el tren era malísima, así que se vio forzada a hacerlo. Al parecer, tras doscientas quince páginas, la solución al enigma es contradictoria con el desarrollo de la trama. Tuve que apartar un poco el auricular de la oreja: el tono de voz subía proporcionalmente al grado de irritación, y viceversa (feedback). “Demencial, demencial”, terminó gritando.)

Pero sigamos con mis libros, que no todo son penas, porque me regalaron otros varios: “Cuentos completos“, de Eça de Queirós. “Cuentos completos”, de Truman Capote. “Aurora Boreal” de Åsa Larsson y algunos más, entre ellos varios de pintura, que me encantan.

Empiezo con uno de los cuentos de Eça de Queirós. “Singularidades de una Rapariga Loura” (traducido como “Excentricidades de una chica rubia”) me quitó la espinita de los oscuros y toscos torreones del libro anterior. Tiene más capas que un vol-au-vent (volaván): humor, ironía, costumbrismo, romanticismo, misterio… Todo eso en veintiocho páginas. Y unas descripciones magníficas, lo mismo de unos calzoncillos, que de un abanico chino, que de un lugar… Transcribo un fragmento que refleja muy bien las sensaciones que a menudo tengo ante una luz, un paisaje o un sonido: “Existe en cada uno de nosotros, es cierto –por fríamente educados que estemos-, un resto de romanticismo; y basta a veces un paisaje nocturno, el viejo muro de un cementerio, un yermo ascético, las emolientes blanduras de un claro de luna, para que ese fondo místico ascienda, se explaye como una niebla espesa, llene el alma, los sentidos y la idea, y quede así el más matemático, o el más crítico, tan triste, tan visionario, tan idealista, como un viejo monje poeta”.

Hago una pausa en los cuentos y paso al libro de Åsa Larsson, Aurora Boreal, en el que finalmente me detengo. Siempre ávida lectora de temas policíacos, me gusta conocer nuevos autores que superen un poco el marco más convencional del género. Esperaré al final, a ver cómo lo resuelve. Ese es el talón de Aquiles de muchos de ellos.

Los cuentos de Truman Capote esperarán más, creo. Releí hace poco “A sangre fría” y tuve angustia durante varios días. Me invadió la desesperanza tras volver a ver -¿cuántas veces, ya?- “Desayuno con diamantes”. Necesito algo de aire, antes de continuar.

Está también el cuento “La Cenicienta que no quería comer perdices”, de N. Lopez Salamero y M. Cameros Sierra, que ya conocía de Internet. Y los de pintura, que degustaré poco a poco, a ratos perdidos.


Ahora, ¡a por los Reyes! ¿Qué será, será…?