domingo, 4 de octubre de 2009
Mercedes
Me gusta todo lo que canta ella. Desde el gracias a la vida de Violeta Parra a "un vestido y un amor" de Fito Páez. Me gusta su voz poderosa, con ese registro tan amplio, esa manera de frasear, hasta esa manera de hacer las las uves y las vocales. Pero las que siento más mías son dos: el duerme negrito y ésta, Alfonsina y el Mar. Las dos las aprendí de memoria hace ya mucho tiempo y las dos forman parte de mi educación sentimental. Qué digo de mi educación, de mi acervo sentimental. Estarán siempre dentro de mí, mientras me quede una brizna de entendimiento. Adios, Mercedes.
domingo, 27 de septiembre de 2009
ECHARSE AL MONTE
Eso es lo que hice ayer, irme p’al monte. A pesar del calor que se esperaba, a pesar de que tenía -tengo- la garganta hecha unos zorros, me fui p’al monte. No hay mejor remedio para el mal rollete que había acumulado durante la semana.
Unos ocho o diez kilómetros por la ruta amarilla de Monfragüe, algunas fotos rápidas, dos o tres lugares de umbría (la fuente del Alisal o la de los Tres Caños, por ejemplo), casi todo llano con alguna pendiente suavecita, el Tiétar… La única dificultad, el sol de plano en la mayor parte del camino…
El esfuerzo tuvo su recompensa porque me encontré un cervatillo entre los matorrales de una ladera. Se escondió enseguida, asustado del ruido de mis pasos. Después vimos a una hembra con su cría, que se alejaron en cuanto nos oyeron llegar.
Y luego estuvo mi portesgeist particular. Mientras caminábamos por un espacio descubierto y hacía un sol radiante, durante un buen trecho me cayeron gotas fresquitas desde el cielo. Gotas gruesas, como de lluvia de verano. Pocas y espaciadas, eso sí. No tendría misterio, de no ser porque al Cautivo, que caminaba delante o detrás, no le caía nada. Ni me creía cuando se lo decía, hasta que vio por sí mismo las pequeñas marcas de humedad en mi camiseta, y cómo se me estampaba una gota enorme en el antebrazo y otra en la mano. Je je je. Igual fue por la electronegatividad que había estado acumulando durante toda la semana, que descargó de pronto, atrayendo hacia mí esas gotitas, como un regalo.
Foto propia: Fuente del Alisar. Monfragüe. Coolpix. P6000. F/4.7, 1/29 seg. ISO 64.
miércoles, 9 de septiembre de 2009
TOLEDO
¡Qué fresquita estaba el agua de esta piscina, con el calor que hacía el domingo pasado en tierras toledanas! Y qué aires tan claros al día siguiente, cuando desayunábamos en la terraza renacentista, con Gredos al fondo y los inmensos campos amarillos rodeándolo todo.
Y Toledo, tan distinta a como la recordaba, pero tan bella. El increíble juego de líneas: curvas en el Tajo y en los portones, oblicuas en las murallas y en las calles que se suceden desde la base hasta la cumbre de la colina, horizontales en las amplias fachadas, quebradas en las torres, verticales en los callejones estrechos, tan estrechos que a veces los balcones parecen fundirse con los de la casa de enfrente y se diría que entre ambos no cabe un alfiler. La viva sucesión de planos de una ciudad laberíntica de topografía imposible.
Hay una cosa en la que al menos coinciden recuerdo y realidad : La Puerta de la Bisagra. Ni siquiera el Zocodover es igual en mi memoria, porque yo lo recordaba cuadrangular y resulta que es un rombo algo desquiciado, con dos lados tan chiquitos que, más que dos, parecen ser uno solo, y el rombo tira a triángulo descaradamente.. La plaza es como una cometa tendida al sol en lo más alto de la ciudad.
Dice mi cautivo que la memoria es así , falsa como la falsa monéa. Pero yo creo que es que siempre se hacen dos viajes, el de dentro y el de fuera, y que aquel otro viaje, el que hicimos una amiga y yo cuando estábamos en segundo de carrera un frío y lluvioso invierno, pocas pelas y poco más que varios libros como equipaje, fue un viaje hacia dentro, aunque yo siempre haya creído que fue hacia fuera. Ya le preguntaré a ella la próxima vez que la vea.
Fotografías: Piscina del Parador de Oropesa.
Puerta de la Bisagra.
Autora: Yo misma, con la Coolpix "to terreno".
domingo, 9 de agosto de 2009
Puerto
miércoles, 22 de julio de 2009
París
París. El pequeño hotel frente al Louvre fue todo un acierto: habitación amplia y luminosa con balcones hacia el Palais Royal, a un paso de todo. Un espacio agradable al que era posible acercarse casi en cualquier momento para reponer fuerzas antes de salir nuevamente a la calle. Un lugar que facilitaba el descanso, el juego y el encuentro a la luz de la tarde.
Torre Eiffel, Notre Dame (mogollón de escalones y la aviación surcando el cielo por el Desfile del 14 de julio), Arco del Triunfo, Sacre Coeur (funicular), Palais d’Orsay, Saint Chapelle, Cluny, el péndulo de Foucault, Sena, quais, jardines, boulevards. La ciudad trazada por el Barón Haussmann.
Y Louvre, Louvre, Louvre, al que fuimos varias veces y cuyos patios cruzábamos a menudo para ir a otros sitios. El Louvre no es el Prado ni el Museo Británico, pero es El Louvre y están la Gioconda y la Venus de Milo. Lástima que tuvieran cerradas las salas dedicadas al Egipto-Copto. ¿Será que hay que volver de nuevo a El Cairo? Tampoco encontré a Artemisia Gentileschi, aunque sí a su padre, Orozio.
Me quedo con tres recuerdos: La terraza de la calle Mouffetard, en el Barrio Latino. Los tapices de la Dama y el Unicornio en Cluny. La hora mágica de las tardes de hotel, fénix muriendo y renaciendo en el tiempo suspendido, petit morte antigua y misteriosa, siempre nueva.
Fotografía: Propia. (París, 15 julio 2009. 21:43 horas. Coolpix P6000. F/3.5. v 1/66.2s).
domingo, 28 de junio de 2009
Momentos para ser feliz

Cuando los ríos son de color rosa al sol poniente,
y un tibio escalofrío recorre los campos de trigo,
el consejo de ser feliz parece salir de las cosas
y subir hasta el corazón turbado.
Un consejo de gustar del encanto de estar en el mundo,
mientras que se es joven y la tarde es bella,
porque nos iremos como se va esta onda,
ella al mar, nosotros a la tumba.
Dejarse flotar en las sensaciones de lo que te rodea, respirando acompasadamente hasta perderte tras la luz rojiza que vislumbras a través de los párpados cerrados, sintiendo los olores de las cosas, sus sonidos, la tibieza del aire que roza las mejillas, quiza la de un cuerpo tendido junto al tuyo. Eso me recuerda el cuadro de Leighton.
La música se parece a otra, sin notas, que me nace a veces, no siempre, cuando algo muy intenso me invade los sentidos, el tacto, el olor, el color, el calor, la luz o el sonido de un paisaje, de una obra, de un cuerpo. El pequeño reducto, el latido cuando la mente se abandona y se deja ir, disfrutando del momento.
El cuadro se titula “Sol ardiente de junio”, de Frederick Leighton. La canción se llama “Beau soir”, de Claude Debussy, con letra de Paul Bourget. La voz es la de Elly Ameling.
La asociación de esta pintura con esta música la hizo Fernando Palacios, en su programa radiofónico “Musica sobre la Marcha”, que sigo cada vez que puedo. Un cuadro, un poema, una melodía, una voz...
“Música sobre la Marcha”. 15:00 horas. Radio 1 y Radio Clásica de Radio Nacional. Para los que no podáis seguirlo en directo, encontraréis podcast aquí: http://www.rtve.es/podcast/SMUSOBM.xml.
jueves, 11 de junio de 2009
Lectora distraída
Así se llama este cuadro de Matisse, "Lectora distraída". Nosotros lo titulamos "El extraño caso de la lectora distraída", como si de una novela de Stanley Gardner se tratara.
Me encantó el nombre, tal vez porque define algo de lo que es mi situación últimamente, que apenas estoy leyendo nada que no sea estrictamente profesional -de eso, leo mucho- y algo -poco- de poesía. Recuperaré en verano, supongo. Ahora es tiempo de andar por ahí, de mirar, de charlar, de fotografiar...
Ayer estuve en Madrid e hice doblete: Por la mañana, la exposición de Sorolla en el Prado y por la tarde la de Matisse en el Thyssen. En el medio, cañas, tapas y canapes en "La Dolores", detrás del Ritz.
Antes he estado unos días por el Sur, correteando por Cádiz y provincia, recorriendo las calles, reptando por campanarios, paseando las playas de arena, escalando las callejuelas de Vergel, Arcos, Medina, Olvera, o cruzando las sierras de Grazalema. Queda el propósito de volver a Vergel y pasar unas semanas en una de sus maravillosas casas blancas con patio lleno de flores, algún año de estos. Y de ir a Grazalema con más tiempo, para poder adentrarnos en el Parque Natural y hacer alguna marcha; eso será más pronto, espero.
¡Y qué buen pescaíto, señores! Sin desmerecer de carnes, guisos, postres, dulces... De todo he dado buena cuenta. Excepto de los caracoles, con esos sí que no he podido. Menos mal que luego lo quemo todo (o casi todo, espero), porque, si no, aviados estábamos.
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