¡Qué fresquita estaba el agua de esta piscina, con el calor que hacía el domingo pasado en tierras toledanas! Y qué aires tan claros al día siguiente, cuando desayunábamos en la terraza renacentista, con Gredos al fondo y los inmensos campos amarillos rodeándolo todo.
Y Toledo, tan distinta a como la recordaba, pero tan bella. El increíble juego de líneas: curvas en el Tajo y en los portones, oblicuas en las murallas y en las calles que se suceden desde la base hasta la cumbre de la colina, horizontales en las amplias fachadas, quebradas en las torres, verticales en los callejones estrechos, tan estrechos que a veces los balcones parecen fundirse con los de la casa de enfrente y se diría que entre ambos no cabe un alfiler. La viva sucesión de planos de una ciudad laberíntica de topografía imposible.
Hay una cosa en la que al menos coinciden recuerdo y realidad : La Puerta de la Bisagra. Ni siquiera el Zocodover es igual en mi memoria, porque yo lo recordaba cuadrangular y resulta que es un rombo algo desquiciado, con dos lados tan chiquitos que, más que dos, parecen ser uno solo, y el rombo tira a triángulo descaradamente.. La plaza es como una cometa tendida al sol en lo más alto de la ciudad.
Dice mi cautivo que la memoria es así , falsa como la falsa monéa. Pero yo creo que es que siempre se hacen dos viajes, el de dentro y el de fuera, y que aquel otro viaje, el que hicimos una amiga y yo cuando estábamos en segundo de carrera un frío y lluvioso invierno, pocas pelas y poco más que varios libros como equipaje, fue un viaje hacia dentro, aunque yo siempre haya creído que fue hacia fuera. Ya le preguntaré a ella la próxima vez que la vea.
Fotografías: Piscina del Parador de Oropesa.
Puerta de la Bisagra.
Autora: Yo misma, con la Coolpix "to terreno".
